Los Cronistas somos los hacedores de la historia del Municipio al cual pertenecemos, de allí nuestra cotidiana investigación sobre fundación, antepasados, pobladores, costumbres, riquezas, producción,actividades socio-económicas, etc. Es por ello que debemos recurrir a los materiales escritos por historiadores quienes de una u otra forma se han dedicado a recoger mediante la revisión de archivos, la informacion mas acertada sobre el origen de los pueblos. Esto es parte de mi labor y como tal debo dar a conocer aspectos importantes de la partida de nacimiento de San Jerónimo de Guayabal, tomando en cuenta su evolución a través del tiempo y el espacio, permitiéndome hacer del conocimiento de propios y extraños y sobre todo a la población escolar, potencial semillero, para el desarrollo y progreso de nuestro municipio, las informaciones recopiladas de la lectura de algunos libros referodos a Guayabal, así como también valiosos apuntes de personas que se han preocupado por estudiar nuestras raices, fecha de fundación, antecedentes históricos, con la finalidad de que mas allá de nuestras fronteras sepan que somos uno de los 335 municipios de la Patria Venezuela.

José Solorzano. cronista del Municipio San Jerónimo de Guayabal

Plaza Bolívar de Guayabal

Plaza Bolívar de Guayabal

domingo, 11 de septiembre de 2011

Guayabal, Sonoro tópónimo en el Concierto de los Pueblos Provincianos

Ponencia
Guayabal sonoro topónimo en el Concierto
de los Pueblos Provincianos

Ponente: Luís Mendoza Silva

- Un pueblo es un conjunto de sueños diversos, que pasan el tiempo buscando puntos de encuentro.*

- Cuando los conglomerados aprendan a cantar sus propios cantos a convertir los sucesos de la cotidianidad en parte de su sentir y de su esencia, entonces pueden comenzar a llamarse pueblos.*Liborio De la Torre

El discurso histórico de un pueblo, villa, ciudad o cualquier conglomerado humano, es el texto estructurado oral o escrito – cuando ya es definitivo con aportes del saber social o colectivo y, por supuesto, con los demás aportes de quienes se hayan encargado de hurgar en su pasado o en sus anales, en este caso, se considera oficio de cronistas, historiadores e investigadores sociales. Estos textos, escritos en cualquier género, que se construyen al calor de los días, sobre la base de los hechos y los documentos existentes, con el transcurrir de los años se hacen comunes y se oficializan por si solos – sobre todo – en el sentir popular. Allí se imantan. Se vuelven sentimiento. Se hacen voz, frase, tradición, canción y poema a la vez.-

Y ese mismo pueblo que palpita dentro del discurso, en el devenir diario de la vida lo recita y finalmente lo asume como su propia identidad, con el orgullo de quienes sabemos exhibir el gentilicio, en razón de amor patrio y con ese sentido de pertenencia, expresado en el celo manifiesto por los valores esenciales que constituyen el patrimonio cultural. Por tal sentido, podemos decir que Guayabal, esta pintoresca y amena vecindad guariqueña del llano profundo, que fue muy famosa durante algún tiempo; por sus panelas, la miel, el queso y por haber sido, refugio del temible Boves, quien decretara en este suelo la guerra a muerte contra los blancos, es un pueblo afable y querendón. Si. Y es que esta especie de pequeña Mesopotamia, territorio bordeado de ríos caudalosos y peligrosos caños de aguas profundas, oscuras y frías que esconden inescrutables misterios ancestrales, ha ganado puesto importante en el concierto de los pueblos provincianos, es decir, entre los pueblos más nombrados del bajío guariqueño, en primer lugar, podríamos afirmar, por esa hospitalidad características, que siempre le ha distinguido.-

Esta particularidad de Guayabal, que además, no es ajena a los pueblos del llano sin fronteras, según mi abuelo, Rumualdo “el indio” Antonio Aponte, conocido en todo el bajío como – El Último Caporal de la Sabana – de ancestros guariqueños, específicamente calaboceños, que fue arriero en su tiempo por estas otrora salvajes travesías, conduciendo rebaños indóciles desde los grandes hatos arismendeños, La Unión, Guadarrama y el mismo San Fernando de Apure hasta los más distintos puntos de la geografía entre ellos: el histórico Puerto de Cabruta, se debe a que éste desde sus inicios “fue un pueblo de posada”.-

Es decir, Guayabal fundado el 30 de mayo de 1796, según los registros públicos, pueblo ribereño del río Guárico y, ubicado desde su nacimiento, en las inmediaciones del antiguo Hato San Jerónimo, quien aporta parte de topónimo, fue durante mucho tiempo, posada obligada de los arrieros, que surcaban las feraces sabanas del viejo camino sabanero, quienes encontraban allí en los añejos caserones solariegos de la diminuta comarca, alimentos y lugar para el descanso, atención para sus caballos y potreros amplios y frescos para el ganado.-

También nos contó el – indio Aponte –, sin poder ocultar la nostalgia en su voz y en sus ojos viejos, que “en aquel Guayabal de la primera mitad del siglo XX, se enamoró de una india muy bonita y excelente bailadora de joropo, a quien todos llamaban La Negra Inés, con quien experimentó un romance pasajero, en una parranda de esas que armaban los peones por las noches, cada vez que había gente nueva en el hato”.

Al otro día, con el primer canto del gallo me despedí de la negra en el jagüey – dijo el indio – y me la llevé en el corazón y en las coplas de arreo por todos esos caminos largos y soleados de la sabana de mis amores. Y aunque nunca más volví a verla, desde aquella noche del baile con bandola y aguardiente, jamás olvidé tampoco el juramento que hicimos bajo la luna rosada del patio guayabaleño. De allí estos versos livianos, que el indio guardó hasta su muerte, los cuales quedaron vagando en el recuerdo de los hijos de la pampa horizontal, con la intención de perennizar su romance en el tiempo:
Dicen que la negra Inés
se fue por Corozo Pando,
con la mirada tendida
silenciosa y suspirando.
Y aunque eso no es demostrable
tal vez me andaba buscando,
pues, para un indio el amor
no es cosa de contrabando

Guayabal es un pueblo lleno de leyendas y tradiciones. Ese es su verdadero y más rico patrimonio. Su gente, historia y cultura. El mismo San Jerónimo, patrón religioso de los guayabaleños es una especie de leyenda que forma parte esencial de su gentilicio. Pues, sobre San Jerónimo cada feligrés o cada guayabaleño, amante de esa tradición tiene su propia versión. He ahí el realismo mágico, al que se refirió Jorge Giordani, en su obra Camino al Orinoco.-

Si. Y es que transitar por los caminos de Guayabal, nos hace vibrar el alma del poema. Además, ello es congraciarse con la naturaleza, el viento, lo eterno, hermoso y divino. Y si esto, lo interpretamos como un profundo sentir de horizontes – a decir – de Liborio De la Torres. Es como tener un idilio con el tiempo, escabullirse y luego sentir que nuestros pies, se hunden en la suave arcilla preciada del artista.-

Es extraordinario, sentir como van apareciendo en Guayabal, las cosas que el tiempo se llevó, y dejó a lo largo de los rumbos que van y vienen por las trochas del fastuoso paisaje esmeralda.-

Estar en Guayabal, es aceptar una forma distinta, lenta y profunda de hacer cada cosa y sentirla en las entrañas. Cada paisaje nos retrata un suceso, cada camino nos inspira una canción, cada recuerdo nos hiere un verso y, cada palabra que oímos, entre el tintineo musical que producen al caer sobre el viento las gotas de lluvia, nos atan a un pueblo que parafraseando al maestro Gallegos; ama profundamente, afianzado en la fe y la esperanza de verse íntegro a través de los siglos.-

Y es que Guayabal, es muchas cosas; un topónimo, un pueblo capital del municipio San Jerónimo de Guayabal del Estado Guárico, el caño, el río, el calor, el estero y su espejo de cristal, el hombre con su franqueza, el cielo, la poesía, las palabras, la música, la fiesta, el joropo, la mirada fiel, la nobleza y la esperanza y, más allí de todo esto, es el sentir de una comunidad que sufre silenciosa y resignada, que a la ves se alegra de su propia existencia.-

Guayabal ha sido refugio de vida, mucho antes de la historia que escribieron los colonizadores; frailes misioneros, capuchinos, magistrados, dizque fundadores de pueblos que ya existían. Pues, según nuestra percepción de investigador sencillo, esta raza que hoy palpita, habita y lucha en Guayabal, por defender su cultura e idiosincrasia, es la misma y con idénticos principios a la que refiere fray Jacinto de Carvajal, en su libro Descubrimiento de Apure, cuando dice: “Esas tribus que adornaron con su presencia, los espejos de las aguas y los caminos que van montaña arriba y sabana adentro, como si buscaran un tiempo distante que paso sin prisa tienen siglos habitando estos parajes y por ello se niegan a desaparecer”.-

Estos indios Guamos, eran de piel broncínea, mirada profunda, estampa de héroes y además celosos de su mundo; sobre todo porque, ellos veían en el foráneo, a un depredador que venia a espantarle sus pájaros, sus ciervos, sus perdices y, a robarse la frescura del viento que vagaba entonces puro, limpio y silvestre.-

Pero aún así, un día amen de temer por su libertad, aceptaron que, a este pueblo sabanero, vinieran de todos los confines de la patria y de la tierra a establecer sus hatos y, propusieron que allí se cumplieran las leyes de la tierra, tomando como base; la lealtad, la justicia y el amor. Guayabal, además ha sido cuna de notables personajes, entre los que podemos mencionar: Florencio Jiménez Madrid, Julio D´Armas, Emilio Rodríguez, Manuel Moisés Chirinos, Manuel Pulido, Barbara de Bautista, Luisa Rivero y el recordado periodista y poeta Luis Barrios Cruz, quien escribiera en una especie de evocación nostálgica:
Entre tú, pozo
y yo, viajero,
se ha dividido el mundo.
tienes, tú, el agua
y yo, la sed.
tienes, tú, el lucero
y yo, el dolor de estar distante

Por todas estas y otras múltiples razones, es que nos atrevemos a decir, en este esfuerzo por contribuir en la construcción del discurso histórico de este noble pueblo, que Guayabal ha ganado puesto de exención en el concierto de los pueblos provincianos, sobre todo si nos queremos referir a los que se ubican en lo más profundo del bajío guariqueño, entre ellos: Camaguán, Cazorla, Corozo Pando, Uverito y Puerto Miranda entre muchos otros.-

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